jueves, 26 de abril de 2018

El Parque Berlín


ESTAMPA FORÁNEA.
EL PARQUE BERLÍN.


- Antes de ser trasladado a Caudete, cuántas veces me serví de las distintas especies arbóreas, de tantas instantáneas de lugares Recoletos del parque Berlín de la ciudad de Madrid (el parque Berlín es un parque pequeño, pequeñito diría yo, casi de juguete y nuevo, relativamente nuevo.  Está en formación, pero que alberga y da placer a una multitud de gente que suele llenar paseos y parterres y, cuando el tiempo lo permite, se sienta en los bancos, estratégicamente situados, para tomar el sol o para permanecer en los bancos leyendo un libro que sostienen en las manos o, en su caso, haciendo juegos con el telefonillo o atendiendo a las llamadas de gentes que hoy no vinieron al parque. Pero, muy de mañana, quiénes campan a su aire son decenas de chuchos que se lo pasan a lo grande, mientras sus dueños cambian impresiones acerca de lo que pasa o de lo que sea, porque eso a nadie le importa, salvo que se hable de asuntos perrunos y entre estos asuntos, los que afecten directamente al de cada uno de ellos.
Al mismo tiempo en que los perros ponen en práctica su vida cachorrera, corriendo detrás de una pelota, trayendo una madera, echándose a la alberca del monumento o cualquier otro invento que se hayan sacado de la chistera sus respectivos dueños...,  en el espacio destinado a los niños que, a estas horas, si son bebés están en la camita o en la guardería y, si son mayorcitos, están en el colegio, un buen grupo de gente provecta, mayor, siguiendo las pautas y las indicaciones de uno de ellos, no importa si son hombres o mujeres, rigurosamente lo hacen por turno, y en medio de un silencio sembrado de gorgéos y trinos de los pájaritos que pululan por entre el follage de los árboles, ejercitan muy bien su cuerpo, eso sí, con delicadeza, yo diría que con mimo, inflan su pecho de aire, lo expelen muy despacito, se agachan, extienden sus brazos moviéndolos imitando el avanzar de una serpiente, hacen un giro a un lado y a otro. Miran al cielo, permanecen quietos, como una estatua, haciendo no sé qué de movimientos gimnásticos importados del oriente de allí de donde sale el sol en el Japón.
Dentro del mismo cuadro se ve una buena cantidad de personas provistas de largos bastones, que semejan a los esquíes,  caminan a buen paso, casi como soldados, en lo que se denomina MARCHA NÓRDICA.
Sí, el parque de Berlín es pequeñito pero acoge dentro de  si, gran manifestación de actuaciones, ejercicios y tiempo libre bien empleado por las gentes del entorno. Yo volviendo a mi antigua casa en el autobús número 52 no puedo, por menos, que sacar mi telefonillo y tomar esas dos instantáneas mientras bajaba por la calle Ramón y Cajal antes de torcer a Víctor de la Serna.
 Con ellas o en ellas, como quieras, te mando hoy me saludó, mis
          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
26.4.2018 Jueves P. Alfonso Herrera. O. C.

miércoles, 25 de abril de 2018

El Hornazo de mi Pueblo. Oropesa


ESTAMPA FORÁNEA.
EL HORNAZO DE MI PUEBLO.

No hace muchos días, creo que fue a primeros de este mes, te hablé del hornazo de Caudete y, al hilo, del de mi pueblo. Entonces te decía que, en mi pueblo, cada 25 de abril, nos traía el calendario la fiesta de San Marcos y como es de tradición, y la tradición tiene vara alta, en mi pueblo, toda la gente se marcha, se vacía el pueblo, y en tropel sale en busca de campos abiertos donde crecen las encinas que para el otoño nutrirán y pondrán sabor a los cerdos de casa, a los ibéricos, con las bellotas que dejarán caer al suelo o al ser vareadas por el porquerizo. Pero por San Marcos, no. Por San Marcos las encinas hacen buenas migas con las abejas y frutos son de sus encuentros... ellas, las bellotas. Primero son presumidas apuntan todas al cielo buscando al sol de mi tierra, que es un gran sol, no vayas a creer. Con decirte que no tiene nada que envidiar al que corretea por Caudete, ya te digo bastante. Ese es un momento clave y todas las liliputienses belloticas miran al cielo con la esperanza de que no aparezcan nubes porque de aparecer y, sobre todo, si sueltan agua se vería diezmada la cosecha, si es que no acaba con ella. Cuando la polinización se llevó a cabo con éxito las bellotitas hacen equilibrio con el piquito mirando al cielo dejando indefensa la capuchita en la que sientan sus reales y, si llueve, el agua se cuela en ella y las hace «como Amancio», la bellotita no se puede agarrar y se cae al suelo. La encina y el alcornoque no tienen miedo al agua y la aceptan muy bien pero, solo, cuando su fruto se pone a mirar al suelo porque ya el agua no puede meterse dentro de su capuchoncito.
  Las gentes de mi pueblo, en franca y alegre fraternidad, envueltos en la algaravía que forman las cientos de miles de abejas que van de flor en flor por las encinas, dan buena cuenta de un bollo típico de la zona de mi pueblo, al hornazo, al que no es raro ver preñado con buen lomo y otras piezas, además del huevo cocido que sujetan en su centro con tiras de su propia masa y que hace las delicias de grandes y pequeños.
  Sí, en mi pueblo de Oropesa, cada 25 de abril, el bueno de San Marcos, «agarra la tralla» y a todo quisque echa  del pueblo al extraradio, al Campo Arañuelo para mí, mi pueblo, es mucho pueblo, y se expande por todo el Campo Arañuelo que es el que envuelve a mí villa de Oropesa, de Oropesa de Toledo. Nosotros no tenemos mar como el Oropesa de Castellón de la Plana.
  Mi prima Gloria me mandó el vídeo del programa de España directo de tv que ilustra estas palabras de BUENOS DÍAS.
Con él te llega mi saludo, mis
 ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
25.4.2018 Miércoles P. Alfonso Herrera. O. C.

martes, 24 de abril de 2018

Don Alonso Quijano. Día del Libro


ESTAMPA CAUDETANA.
DON ALONSO QUIJANO
DÍA DEL LIBRO.

Sobre una mesa de tonalidad más bien oscura, un tablón de madera maciza de 4 cms. de alto sobre cuatro patas un tanto desparramadas, en su lado  derecha, dos o tres, muy gastadas plumas de águila en el centro de la mesa y como si fuera un pupitre de las escuelas  en los principios del siglo XX, un agujerito y en él un tintero. Así dejó Cervantes aquel día  las plumas y el tintero que le encumbraron a lo más alto del Parnaso de las letras. Tenía solo 68 años.  Había nacido el 29 de septiembre del año 1547 en la ilustrada ciudad de Alcalá de Henares y, emitida su última respiración, tal día como el día 23 de abril del año 1616 (le acompañaron en el viaje que le llevó al MÁS ALLÁ, Shakespeare y el inca Garcilaso de la Vega). Fue coetáneo de aquella mujer andariega y fundadora de conventos que había profesado en Ávila, en el convento de las Carmelitas. Como él, usaba con primor la pluma de ganso untada en tinta. Ambos estaban perfectamente iluminados por el vate de la inspiración poética  y narrativa. También compartió tiempo e iluminación con Juan, el frailecillo bajo de estatura «medio fraile» diría de él Teresa de Jesús y que tenía por sobrenombre  de la Cruz. Mucho tiempo después fue consagrado  Patrono de los poetas de Lengua Española.
No, no te voy a hablar de la figura egregia de Miguel de Cervantes y Saavedra porque los Más Media ya lo hacen con profusión, constantemente, por ser, precisamente ayer el Día Internacional del Libro y porque, hoy, precisamente hoy, por ayer, día 23, en la Universidad de Alcalá de Henares en su Paraninfo, ha recibido el Premio Cervantes de las letras el escritor nicaragüense, Sergio Ramirez que fuera en sus tiempos jóvenes revolucionario sandinista llegando a ser, incluso, vicepresidente de su país.
Yo me voy a fijar, sola y exclusivamente, en la figura que Salvadora, Salvadora es la dueña de la floristería Gardenia (ya te hablé de ella en otra ocasión), tiene en uno de sus escaparates la imagen de DON ALONSO QUIJANO
La figura en cuestión, ahí te la adjunto, se encuentra leyendo uno de aquellos libros que, poco apoco, fueron «licuandole» los sesos y, cuando ya iban de un lado a otro de su cabeza golpeándole los parietales, el frontal y el occipital es cuando fue en busca de su fiel escudero Sancho, le sacó de la cama e, inmediatamente, se pusieron en camino, porque no había tiempo que perder, para desfacer entuertos por esos mundos de Dios. Así comienza la gran obra de Miguel de Cervantes Saavedra, Don Quijote de la Mancha, que cuenta la historia de un buen hombre que perdió la cabeza leyendo aventuras de los caballeros andantes, moda muy en uso a caballo de los siglos XVI y XVII, Y Don Alonso Quijano que era, al parecer, un señor de buena estirpe al que le vio nacer un pueblo que no aparece en el mapa de la memoria del autor, es decir,  del que no se acuerda ni quiere acordarse el autor tal y como lo afirma solemnemente al inicio de la obra (mal tuvo que pasarlas el autor en aquel pueblo de la amplísima Mancha) «En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...» que, muy posiblemente, según el decir de los estudiosos de El Quijote, se trataba de Argamasilla de Alba. Aquel buen hombre que, tocado por una fiebre, que por ser muy subida, se le llevó con ella a las alturas de la locura. A todas luces, estaba muy, pero que muy tocado, tocadísimo, de la cabeza. Él, y no otro, es el protagonista, un luchador que parte de su lugar para recorrer la amplia llanura manchega con el fin de desfacer entuertos y que, incluso, llega hasta Barcelona, que es la capitalita de un condado aragonés.
De no haber recuperado la razón y todavía estuviera desfaciendo entuertos en esta época, no habría sido raro verle montado en el montón de huesos que era su caballo Rocinante y haber emprendido, otra vez, con su fiel escudero Sancho el viaje a Cataluña para dejar claras muchas cosas.
Qué pensará la estatuilla de Don Quijote que tiene su asiento en el escaparate
de la floristería GARDENIA, de Salvadora.

https://ssl.gstatic.com/ui/v1/icons/mail/images/cleardot.gifA lomos de un Huawei G8 te va mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
24.4.2018 Martes P. Alfonso Herrera. O. C.

lunes, 23 de abril de 2018

Las Joyas del Pueblo



ESTAMPA CAUDETANA.
LAS JOYAS DEL PUEBLO.


A las 12 del mediodía era prácticamente imposible acceder a la sacristía de la parroquia Santa Catalina. Una gran multitud de fieles abarrotaba la Iglesia. La parroquia y el pueblo estaban de fiesta porque se confirmaban en este día 46 jóvenes. Tuve que meterme por el pasadizo que va desde la Capilla de la Comunión hasta la antesacristía. Delante del presbiterio estaban dispuestas 46 sillas esperando ser ocupadas por las «joyas del pueblo». El obispo, Don Ciriaco, llego con unos minutos de retraso. Venía, el hombre, de oficiar, en otro lugar, otro acto litúrgico. Ya había pasado un cuarto de hora  del mediodía cuándo la comitiva partió de la sacristía. La abría la con el incensario y las velas encendidas, detrás el diácono, José Lozano, portando en sus manos el libro de la Sagrada Escritura, dando paso a los sacerdotes concelebrantes y al mismo Sr. Obispo. Fuera, en la calle del Santísimo Sacramento, esperaban los 46 muchachos que iban a ser presentados por el párroco del lugar, Rvdo. P. Luis Torres Pérez, al señor obispo para que les confiriese el sacramento de la confirmación. Cuando todos ocupaban el sitio asignado, una catequista introdujo el acto litúrgico. Eran las 12:20 horas cuando el señor obispo invocaba a la Santísima Trinidad: « En el nombre del Padre, del Hijo y del Santo» dando comienzo, así, la liturgia eucarística dentro de la cual se iba a lleva a efecto la realización del sacramento de la Confirmación y, con él, la Unción con el Santo Crisma y, en ella, y la entrega del Espíritu Santo.
Los jóvenes, las 46 «joyas del pueblo»',  líndamente pulidas por  estupendos orfebres: sus padres, sus profesores, sus catequistas y la interrelación con la gente de su edad, estaban formando una; « semicorona en torno del altar. A la llamada que les hacía el diácono se ponían en pie uno tras otro y con voz firme contestaban ¡PRESENTE!
Escuchadas las lecturas, antes de que el Sr Obispo pronunciara la homilía, dos de los confirmandos, dieron lectura a un manifiesto por medio del cual se comprometían a aceptar el mensaje de Jesús a vivirle y a llevarle al ámbito de su influencia.
En medio del silencio que siguió al compromiso de los jóvenes, comenzó a oírse la palabra el Señor Obispo que caía suavemente, como cae la lluvia fina sobre el labrantío en un día sin aire, sobre toda la asamblea, aunque se dirigía más concretamente a los 46 confirmandos. Y lo hizo pausadamente durante unos 20  minutos. Sí, su palabra caía sobre los jóvenes como caen los pétalos de rosas sobre el palio que da techo al Santísimo en procesión por las calles del lugar. Les decía el Obispo que les aceptaba la palabra que habían dado en el manifiesto, su compromiso, y les recordaba que ello implicaba responsabilidad, ser consecuente con la palabra dada, de la que toda la asamblea era testigo. Luego fue hablándoles acerca de Cristo, el Buen Pastor, del que hablaba hoy el evangelio, que conoce a sus ovejas y éstas le conocen a Él, les recordaba que Cristo se entregaba totalmente por sus ovejas y les dijo que todos son pastores de algún modo, lo es él como Obispo, lo son los sacerdotes del pueblo, lo son los padres, los profesores y hasta el hermano mayor lo es del pequeño. Al hilo de ello les habló de un pastor abulense, Esteban, manco, que, al tratar de salvar a unos corderos que estaban ramoneando las hierbecillas que crecían  entre las vías del ferrocarril, llegó un tren y lo destrozó muriendo en el acto. Aquel pastorcillo, que lo había sido toda la vida, MURIÓ POR SUS OVEJAS. Les habló, por ser «la jornada mundial de oración por las vocaciones al sacerdocio y de las vocaciones nativas», de la llamada de Dios a la que hay que escuchar, discernir y vivir, según nos pide el papa Francisco en su mensaje para este año.  Terminó su discurso solicitando a los jóvenes que se hicieran presentes en la parroquia, que fueran agentes activos. Que le gustaría constatarlo en próximas visitas.
El párroco proclamó delante de la Asamblea y del Señor Obispo la idoneidad de los 46 jóvenes para que les fuera conferido el sacramento de la confirmación.
Acto seguido comenzó el rito. La primera en  ser ungida con el Santo Crisma, en recibir el Sacramento de la Confirmación, tenía el mismo nombre que aquella otra mujer, la del Paraíso Terrenal, la madre de todos los vivientes. Se llamaba EVA.
Tras 20' continuó la Eucaristía. La afluencia a comulgar fue tal, que no sé si hubo suficientes formas para todos.
Tras las fotografías de rigor, nos reunimos en torno a 800 personas en las salas de Los Mirenos para compartir una comida de picoteo. Pero, antes acompañé Sr Obispo a hacer una visita a las Madres Carmelitas de Clausura. Se pusieron contentísimas y nos ofrecieron comer con ellas en la huerta, una barbacoa que les había sido regalada por los familiares de una monja con motivo del bautizo de un sobrinillo.

El orujo de hierbas del lugar no es óbice para que salga, bien tieso, ha llegarse hasta ti, mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
23.4.2018 Lunes. P. Alfonso Herrera. O. C.


domingo, 22 de abril de 2018

La Fiesta de Oro


ESTAMPA CAUDETANA.
LA FIESTA DE ORO.



Terminé yo el día barriendo.
Las luces de la calle alumbraban mi actividad postrera. Acababa de llegar a casa tras la celebración de la última Eucaristía de víspera del domingo cuando, al pasar por delante de la puerta de nuestra iglesia del convento de San José, patiné y casi doy con mi humanidad por los suelos. Había pisado una especie de alfombra confeccionada por multitud de granos de arroz, y yo, que llevaba unas pantuflas Indias... casi doy contra suelo. Entré en casa, dejé la carpeta de los elementos litúrgicos dentro del claustro, sobre el brocal de lo que parece un pozo  pero que no lo es.  Es simplemente la salida de las humedades de la cueva que está excavada debajo del claustro ( alguna vez te hablaré de ella).
Me proveí de una escoba y de un recogedor y, barre que te barre,  dejé la puerta de la iglesia de nuestro convento de San José, la acera y un trozo de calle limpios de esos granos de arroz para que otros que pasaran detrás de mí no tuvieran un percance desagradable. Y es que en este pueblo hoy, por ayer, había sido la fiesta del oro entendiendo por oro la acción de gracias que tres matrimonios con 50 años de amor, de trabajo, dedicación, esfuerzo, de sufrimiento, a veces de alegrías y de gozos, de logros, de escalar la cumbre de haber madurado como personas, alcanzada por el compromiso y la entrega del otro, juntos daban gracias a Dios por su 50 aniversario, en sus bodas de oro.
Una tuvo lugar en la parroquia de Santa Catalina, la catedralita del pueblo. Otra renovó sus votos en la sencilla y humilde ermita de Santa Ana, que se encuentra situada en lo más alto de la villa y la tercera y última en llevar a efecto la renovación de su compromiso matrimonial, tuvo a bien celebrarla a los pies de la Virgen Nuestra Madre del Carmen en la iglesia de nuestro convento de San José.
Cada pareja con la misma ilusión pero con gran diferencia por las circunstancias que concurrían entre aquel día y este, entre la boda celebrada aquel entonces y la renovación de los esponsales en el de hoy.

Entonces dos jóvenes hacían « holocausto»  de su individualidad de su singularidad de su soltería» y las parejas de hoy provectas, con una figura un tanto redondeada y con unas cabezas blancas como el armiño,  y acompañados por un nutrido grupo de hijos nietos y algún bisnieto .
Sí, ciertamente se da una gran diferencia entre los jóvenes que se comprometieron hace  50 años y los que hoy los renuevan, 50 años después, celebrando sus bodas de oro de aquel primer compromiso.
La pareja que celebró sus efemérides gozosas en nuestra iglesia conventual se acercaron ayer por la tarde para que les pusiera yo de blanco en el sacramento de la Penitencia, es decir, vinieron a dejar a los pies del altar la pátina que se les fue adhiriendo, a su ilusionado proyecto, a lo largo de estos 50 años: deficiencias, fallos, olvidos, que, por debilidad humana habían salpicado su compromiso inicial.
El Espíritu Santo que les había unido en santo matrimonio, en el día de ayer, les limpio  la pátina acumulada a lo largo del tiempo. A éstos, a esta alegre pareja, es a la que, a su salida del templo arrojaron puñados y más puñados de arroz. Sí, ese que es el que estuvo a punto de llevarme al suelo y que, a mí vez, barrí dejando expedita la puerta de la iglesia un buen trozo de la cera y de parte de la calzada de la calle.

Con el adorno floral de la Iglesia de Santa Catalina te adjunto mi saludo, mis

          ¡¡¡¡¡¡BUENOS DÍAS!!!!!!
22.4.2018 Domingo. P. Alfonso Herrera. O. C.